Los nuevos sistemas de seguridad son dispositivos con un gran avance en tecnología. Se trata de equipos que tienen, generalmente, detectores de movimiento, contactos magnéticos, entre otros, en función del tamaño y casuística del inmueble que se protege, y esos dispositivos se conectan entre sí. Y a través de la central (hub), que es el cerebro del equipo, se transmite toda la información relacionada con la instalación a la central receptora de alarmas (CRA), desde donde se monitoriza el funcionamiento de la alarma las 24 horas del día, los 365 días del año.

Precisamente esa tecnología es la que permite que se realice un mantenimiento remoto de la alarma. Cada dispositivo puede emitir diferentes tipos de señales. Lógicamente, la señal más relevante se produce cuando se detecta a un intruso, en ese caso se produce un salto de alarma. Y los operadores de la CRA deben verificar si el salto es real o es falso —una mascota, una cortina movida por el viento, etcétera—; ese proceso de verificación se realiza en un plazo inferior a medio minuto.

Pero los dispositivos también lanzan otro tipo de señales, como el pooling —informa de que la alarma envía información a la CRA, es decir, que funciona correctamente—, el aviso de batería baja, el aviso de la manipulación inadecuada del equipo…

Esa capacidad para enviar información es la que permite realizar ciertas acciones de mantenimiento de la alarma en remoto, a distancia. En esos casos, no es necesario concertar una cita con el técnico, con la consiguiente comodidad para el cliente.

El correcto mantenimiento de la alarma es fundamental si queremos asegurar un adecuado nivel de protección de nuestro inmueble. Los equipos de seguridad deben estar en perfecto estado de funcionamiento para actuar en cuanto se produzca una incidencia, algo que puede ocurrir en cualquier momento.